celebrado en Aquisgrán. San Eulogio, religioso cordobés que visitó varios monasterios pirenaicos, sobre el 848, estuvo en el de Siresa, donde encontró obras de: Virgilio (la Eneida), Juvenal (las Sátiras), Quinto Horacio Flaco (los poemas), Porfirio (los opúsculos), Adhelermo de Malmesbury (epigramas), y San Agustín (la ciudad de Dios); algunas de ellas desconocidas en Córdoba, donde las llevó como si de un auténtico tesoro rescatado se tratase, así como una rica colección de himnos católicos. En estos valles pirenaicos, a inicios del siglo IX ya se encontraban configurados tres importantes núcleos anti musulmanes: Cerretanía, Aragón y Ribagorza. Aunque los tres prácticamente fueron borrados del mapa, por las razzias llevadas a cabo por Almanzor y su hijo Abd al-Malik, entre los años 999 y 1.006. Almanzor atacó de muerte el corazón mismo del condado de Aragón, donde destruyó los monasterios de Ciella y Siresa, sembrando el terror en los valles pirenaicos. En aquellos tiempos existía en el reino tal psicosis de pánico, que la Crónica de San Juan de la Peña al historiar el reino de Sancho “el Mayor” de Navarra, aludiendo al estado de ánimo de los aragoneses ante la aparición de los soldados musulmanes, nos dice que “en aquel tiempo (de Almanzor) por miedo a los árabes, todos los caballeros tenían sus caballos en las habitaciones o casas en las que vivían sus esposas para, en caso de necesidad, poder tenerlos a su disposición”. El monasterio de San Pedro de Siresa, en 1063 pasó a depender de la diócesis de Jaca y más adelante, en 1077, el rey Sancho Ramírez de Aragón estableció una comunidad de canónigos que seguían la regla de san Agustín. A su frente situó a su hermana, la condesa doña Sancha, que dirigió el cenobio entre 1082 y
fines de 1095. En este monasterio se educó Alfonso, que se convertiría en rey de Aragón con el nombre de Alfonso I “el Batallador”. El monasterio inició su decadencia al producirse la unión definitiva con la diócesis de Jaca en 1145. Es en esta época cuando, posiblemente, se levanta buena parte de la iglesia actual, reflejo de la época de esplendor, y único elemento que ha sobrevivido del monasterio. Esta iglesia conserva restos de construcciones prerrománicas, a los pies de la nave. En el año 1931 fue declarado Monumento Nacional. Actualmente es la iglesia parroquial del núcleo de Siresa. En el suelo del centro de la iglesia, hay un curioso laberinto formado con piedras, cuya salida del mismo, no está proyectada al centro del altar, que sería lo más apropiado, sino a una hornacina, a un hueco abierto situado en la parte izquierda del ábside, donde estuvo depositado el Santo Cáliz, entre los años 815 y 831. Detalle del laberinto del suelo.(Foto superior) Detalle del altar, donde se encuentra la hornacina, presidido por una estatua policromada de San Pedro, cubierto con
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
El Santo Cáliz a su paso por Aragón
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celebrado en Aquisgrán. San Eulogio, religioso cordobés que visitó varios monasterios pirenaicos, sobre el 848, estuvo en el de Siresa, donde encontró obras de: Virgilio (la Eneida), Juvenal (las Sátiras), Quinto Horacio Flaco (los poemas), Porfirio (los opúsculos), Adhelermo de Malmesbury (epigramas), y San Agustín (la ciudad de Dios); algunas de ellas desconocidas en Córdoba, donde las llevó como si de un auténtico tesoro rescatado se tratase, así como una rica colección de himnos católicos. En estos valles pirenaicos, a inicios del siglo IX ya se encontraban configurados tres importantes núcleos anti musulmanes: Cerretanía, Aragón y Ribagorza. Aunque los tres prácticamente fueron borrados del mapa, por las razzias llevadas a cabo por Almanzor y su hijo Abd al-Malik, entre los años 999 y 1.006. Almanzor atacó de muerte el corazón mismo del condado de Aragón, donde destruyó los monasterios de Ciella y Siresa, sembrando el terror en los valles pirenaicos. En aquellos tiempos existía en el reino tal psicosis de pánico, que la Crónica de San Juan de la Peña al historiar el reino de Sancho “el Mayor” de Navarra, aludiendo al estado de ánimo de los aragoneses ante la aparición de los soldados musulmanes, nos dice que “en aquel tiempo (de Almanzor) por miedo a los árabes, todos los caballeros tenían sus caballos en las habitaciones o casas en las que vivían sus esposas para, en caso de necesidad, poder tenerlos a su disposición”. El monasterio de San Pedro de Siresa, en 1063 pasó a depender de la diócesis de Jaca y más adelante, en 1077, el rey Sancho Ramírez de Aragón estableció una comunidad de canónigos que seguían la regla de san Agustín. A su frente situó a su hermana, la condesa doña Sancha, que dirigió el cenobio entre 1082 y fines de 1095. En este monasterio se educó Alfonso, que se convertiría en rey de Aragón con el nombre de Alfonso I “el Batallador”. El monasterio inició su decadencia al producirse la unión definitiva con la diócesis de Jaca en 1145. Es en esta época cuando, posiblemente, se levanta buena parte de la iglesia actual, reflejo de la época de esplendor, y único elemento que ha sobrevivido del monasterio. Esta iglesia conserva restos de construcciones prerrománicas, a los pies de la nave. En el año 1931 fue declarado Monumento Nacional. Actualmente es la iglesia parroquial del núcleo de Siresa. En el suelo del centro de la iglesia, hay un curioso laberinto formado con piedras, cuya salida del mismo, no está proyectada al centro del altar, que sería lo más apropiado, sino a una hornacina, a un hueco abierto situado en la parte izquierda del ábside, donde estuvo depositado el Santo Cáliz, entre los años 815 y 831. Detalle del laberinto del suelo.(Foto superior) Detalle del altar, donde se encuentra la hornacina, presidido por una estatua policromada de San Pedro, cubierto con
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