titulado "La Demanda (conquista) del Santo Grial"; en el XVI en el "Lanzarote del Lago" donde se llama Santo Greal; y en estos últimos tiempos conocido universalmente por el Santo Graal en la ópera Parsifal, del más grande de los músicos modernos. En estos relatos se mezclan y cruzan muchas fuentes, pero lo cierto es que nacen justo en el momento en que un objeto considerado el Santo Grial está oculto en San Juan de la Peña, entre abruptas montañas inaccesibles. Ello dio lugar a la creación de infinidad de grandes héroes como: el rey Arturo; Perceval; Lanzarote del Lago; Tristán y Merlín; Amadis y Tirante… Casi tantos como cálices, ya que, en el siglo XVI, dice un autor: “hasta 20 de ellos se disputaban el honor de ser el que usó el Señor en la última Cena”. El tiempo, ha ido desechando aquellos que no demostraban suficiente antigüedad para ser contemporáneos de Jesús, y tras esta labor expurgatoria, tan solo quedan tres disputándose el Santo Honor de ser el original: el de Jerusalén, recordado por el Venerable San Beda; el Sacro Catino de Génova; y el Santo Cáliz de Valencia; viniendo a coincidir los críticos en favor de éste en los tiempos actuales, por reunir todas las notas que debe tener el histórico Cáliz de Jesús, el legendario Santo Graal. Fue el profesor Antonio Beltrán, el primero en realizar un estudio serio y riguroso del Grial desde el punto de vista arqueológico. En el año 1960 analizó la reliquia que llegó a Huesca: una copa tallada a partir de una piedra de calcedonia, de 7 cm. de altura y 9'5 cm. de diámetro, y concluyó que "no existe evidencia alguna contra la posibilidad de que esta copa pueda haber sido utilizada por Jesucristo en la Última Cena". En sus estudio sobre el Santo Cáliz, situó la época de la copa entre los siglos IV a. C. y el I d. C., y que había sido realizada en un taller oriental de Egipto, Siria o Palestina. Las conclusiones del profesor Beltrán añadían que “la arqueología no solamente no prueba lo contrario ni censura la substancia de la tradición sobre el Santo Cáliz, sino que apoya y confirma terminantemente la autenticidad histórica".
El catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín-Bueno, sucesor en la cátedra de Antonio Beltrán, dejó escrito: “Hasta ahora, prácticamente se han aplicado todas las técnicas posibles pero una roca es una roca y no la podemos exprimir más. No hay posibilidad de encontrar ningún elemento que pueda autentificar que esa pieza es la que se piensa y mucho menos que estuviera en manos de quien se piensa. Pero eso no invalida para nada lo que ya había dicho Antonio Beltrán hacía mucho tiempo. El Santo Grial de Valencia es el que más posibilidades tiene de ser el cáliz de la última cena, afirma Martín Bueno. Por técnica, tipología y arqueología, sabemos que es una pieza que convivió con la época de los hechos bíblicos, pero solo Dios sabe si fue la que Jesucristo sostuvo en sus manos”. Los primeros pasos del Santo Cáliz. Los cristianos, tras abandonar Jerusalén, vivían en Roma, perseguidos y ocultos en las catacumbas que pueblan la ciudad eterna, ejerciendo su religión de forma clandestina. San Pedro, es el encargado de llevar a Roma “El Santo Cáliz”. Una antiquísima y razonable tradición de los primeros siglos confirmados por Siuri, obispo de Córdoba, asegura que San Pedro llevó a Roma el Cáliz de la Cena para seguir celebrando con él la Eucaristía y, efectivamente, en Roma existía un cáliz papal que se consideraba el usado por Jesús. Es entonces cuando el Papa número 24, Sixto II, ante la proximidad de su fin (moriría decapitado poco tiempo después), le pide a uno de sus diáconos, el oscense San Lorenzo, ponga a salvo todas las reliquias cristianas que en ese momento se encontraban en Roma. El 8 de agosto del 258, San Lorenzo envía el Santo Grial a su ciudad natal en Huesca, Loreto, a casa de sus padres.
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
El Santo Cáliz a su paso por Aragón
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titulado "La Demanda (conquista) del Santo Grial"; en el XVI en el "Lanzarote del Lago" donde se llama Santo Greal; y en estos últimos tiempos conocido universalmente por el Santo Graal en la ópera Parsifal, del más grande de los músicos modernos. En estos relatos se mezclan y cruzan muchas fuentes, pero lo cierto es que nacen justo en el momento en que un objeto considerado el Santo Grial está oculto en San Juan de la Peña, entre abruptas montañas inaccesibles. Ello dio lugar a la creación de infinidad de grandes héroes como: el rey Arturo; Perceval; Lanzarote del Lago; Tristán y Merlín; Amadis y Tirante… Casi tantos como cálices, ya que, en el siglo XVI, dice un autor: “hasta 20 de ellos se disputaban el honor de ser el que usó el Señor en la última Cena”. El tiempo, ha ido desechando aquellos que no demostraban suficiente antigüedad para ser contemporáneos de Jesús, y tras esta labor expurgatoria, tan solo quedan tres disputándose el Santo Honor de ser el original: el de Jerusalén, recordado por el Venerable San Beda; el Sacro Catino de Génova; y el Santo Cáliz de Valencia; viniendo a coincidir los críticos en favor de éste en los tiempos actuales, por reunir todas las notas que debe tener el histórico Cáliz de Jesús, el legendario Santo Graal. Fue el profesor Antonio Beltrán, el primero en realizar un estudio serio y riguroso del Grial desde el punto de vista arqueológico. En el año 1960 analizó la reliquia que llegó a Huesca: una copa tallada a partir de una piedra de calcedonia, de 7 cm. de altura y 9'5 cm. de diámetro, y concluyó que "no existe evidencia alguna contra la posibilidad de que esta copa pueda haber sido utilizada por Jesucristo en la Última Cena". En sus estudio sobre el Santo Cáliz, situó la época de la copa entre los siglos IV a. C. y el I d. C., y que había sido realizada en un taller oriental de Egipto, Siria o Palestina. Las conclusiones del profesor Beltrán añadían que “la arqueología no solamente no prueba lo contrario ni censura la substancia de la tradición sobre el Santo Cáliz, sino que apoya y confirma terminantemente la autenticidad histórica". El catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática de la Universidad de Zaragoza Manuel Martín-Bueno, sucesor en la cátedra de Antonio Beltrán, dejó escrito: “Hasta ahora, prácticamente se han aplicado todas las técnicas posibles pero una roca es una roca y no la podemos exprimir más. No hay posibilidad de encontrar ningún elemento que pueda autentificar que esa pieza es la que se piensa y mucho menos que estuviera en manos de quien se piensa. Pero eso no invalida para nada lo que ya había dicho Antonio Beltrán hacía mucho tiempo. El Santo Grial de Valencia es el que más posibilidades tiene de ser el cáliz de la última cena, afirma Martín Bueno. Por técnica, tipología y arqueología, sabemos que es una pieza que convivió con la época de los hechos bíblicos, pero solo Dios sabe si fue la que Jesucristo sostuvo en sus manos”. Los primeros pasos del Santo Cáliz. Los cristianos, tras abandonar Jerusalén, vivían en Roma, perseguidos y ocultos en las catacumbas que pueblan la ciudad eterna, ejerciendo su religión de forma clandestina. San Pedro, es el encargado de llevar a Roma “El Santo Cáliz”. Una antiquísima y razonable tradición de los primeros siglos confirmados por Siuri, obispo de Córdoba, asegura que San Pedro llevó a Roma el Cáliz de la Cena para seguir celebrando con él la Eucaristía y, efectivamente, en Roma existía un cáliz papal que se consideraba el usado por Jesús. Es entonces cuando el Papa número 24, Sixto II, ante la proximidad de su fin (moriría decapitado poco tiempo después), le pide a uno de sus diáconos, el oscense San Lorenzo, ponga a salvo todas las reliquias cristianas que en ese momento se encontraban en Roma. El 8 de agosto del 258, San Lorenzo envía el Santo Grial a su ciudad natal en Huesca, Loreto, a casa de sus padres.
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