Ruta del Santo Cáliz.
Ruta del Santo Cáliz, a su paso por Aragón, según el estudio
realizado por don Dámaso Sangorrín Diest, deán de la catedral de
Jaca, y que publicó en la revista Aragón, en julio de 1927: Jerusalén,
Roma, Santuario de Loreto, Monasterio de San Pedro el Viejo en
Huesca, cuevas de Yebra de Basa, Monasterio de San Pedro de
Siresa, Iglesia de San Adrián de Sasabe, catedral de san Pedro de
Jaca, Real Monasterio de San Juan de la Peña, palacio de la
Aljafería de Zaragoza, Barcelona y catedral de Valencia. Jerusalén
y Roma, ya lo hemos explicado, así que…
Empezamos por Loreto, Huesca.
Santuario de Loreto, edificado sobre la tumba y el hogar de los dos
santos.
Una salvedad, como
lo que nos interesa es la
Historia, la Tradición, las
Leyendas…, en una
palabra, de los lugares
donde supuestamente
estuvo el Santo Cáliz,
vamos a limitarnos a dar
unas pinceladas de la
arquitectura de los
edificios, porque si no…
podríamos alargarnos
hasta el infinito.
A 3 km de Huesca se encuentra la Ermita de Loreto. Bajo la
advocación del patrón de la ciudad, San Lorenzo, se asienta este
santuario sobre lo que fuera un antiguo pueblo o villa, llamado Loret y
Lauret. Su historia es tardía y forma parte de un conjunto de
tradiciones legendarias de difícil comprobación, tejidas en torno a la
figura de San Lorenzo mártir.
Cuenta esta tradición que hacia el siglo II, aquí vivían Santa
Paciencia y San Orencio, padres de San Lorenzo. Las primeras noticias
que tenemos de su existencia datan del siglo XII. La iglesia pertenecía a
la Real Casa de Montearagón y fue reedificada en 1387 a instancias del
papa Clemente VII. Felipe II promovió en Loreto la fundación de un
convento de Agustinos en 1594. El edificio actual, proviene de 1740.
San Lorenzo fue uno de los siete diáconos de Roma, ciudad
donde fue martirizado en una parrilla el 10 de agosto de 258, cuatro
días después del martirio del papa Sixto II. Cuando en el año 257 Sixto
fue nombrado papa, Lorenzo fue ordenado diácono, y encargado de
administrar los bienes de la Iglesia y el cuidado de los pobres. Por esta
labor es considerado uno de los primeros archivistas y tesoreros de la
Iglesia, y es el patrón de los bibliotecarios. Según la “Vida y martirio de
san Lorenzo”, texto apócrifo del siglo XVII supuestamente basado en la
obra del monje Donato, del siglo VI, el papa Sixto II le entregó el Santo
Cáliz, junto a otras reliquias, para que las pusiera a salvo. En la cueva
romana de Hepociana, Lorenzo acudió a una reunión de cristianos
presidida por el presbítero Justino. Allí halló a un condiscípulo y
compatriota hispano, llamado Precelio, originario de Hippo (la moderna
Toledo), a quien entregó varias reliquias, entre ellas el Santo Cáliz, con
el encargo de que las llevara a la familia que le quedaba en Huesca
(sus padres vivían en Roma). En la Basílica de San Lorenzo,
extramuros de Roma, había un fresco del siglo XIII que representaba la
entrega del Santo Cáliz por San Lorenzo a un legionario español, pero
se destruyó el 19 de julio de 1943, durante un bombardeo de la
Segunda Guerra Mundial. De aquella pintura tan solo queda una
fotografía. Precelio llevó las reliquias a los tíos y primos de Lorenzo en
Huesca que las escondieron, perdiéndose la pista, aunque algunas
tradiciones afirman que el Santo Cáliz fue depositado en la iglesia de
san Pedro, de Huesca, de donde sería puesto a salvo por el obispo
Acilso cuando huyó en el 711 ante el avance de los musulmanes, para
esconderse en las montañas de los Pirineos.
De San Lorenzo se cuenta que el alcalde de Roma,
aprovechando el reciente asesinato del papa, ordenó a Lorenzo que
El Santo Cáliz a su paso por Aragón