El regreso
Cuando en el año 1863, Isabel II, la princesa que un día simbolizara la libertad dejaba fuera del
gobierno a uno de sus acérrimos defensores, Leopoldo O’Donnell, y le confiaba el poder al Marqués
de Miraflores, prendía la mecha de una llama revolucionaria que ya no vería extinguirse hasta su
posterior destronamiento.
Fallecido, O’Donnell, en Biarritz, el general Prim, nuevo líder de los progresistas, comienza a
replantearse la expulsión del país de la dinastía borbónica. Los demócratas, a su vez, con sus
radicales posturas, no solo abogan por el cambio de linaje, sino también de sistema de gobierno.
Ambos grupos, con la adhesión de los unionistas, acuerdan poner en marcha un golpe de estado y,
tras él, nombrar una asamblea soberana que decidiera el tipo de Régimen a seguir: Monarquía o
República.
En septiembre del año 1868, Ruiz Zorrilla y Sagasta, se reúnen en Londres con el exiliado Prim
y se embarcan hacia España. El diecisiete de ese mismo mes, la escuadra española, al mando del
almirante Juan Bautista Topete, se subleva en la Bahía de Cádiz. Al día siguiente se insta a los
ciudadanos a que tomen las armas y el diecinueve todos los generales sublevados hacen público el
manifiesto «¡Viva España con Honra!», extendiéndose el levantamiento por todo el país. El lunes
veintiocho, el general Serrano derrota al ejército Isabelino comandado por el general Pavía, en
Alcolea, y la reina decide abandonar el suelo patrio, atravesando la frontera del Bidasoa camino de
un exilio en París del que ya no regresaría jamás.
Triunfante la revolución que los anarquistas llaman “la Gloriosa”, surgen de la clandestinidad las
Juntas revolucionarias. Los anarquistas, asentados principalmente en Cataluña y Aragón, defienden
la creación de sindicatos de clase que luchen por la mejora de las condiciones de vida de los obreros
y propugnan grupos de afinidad ideológica cuya misión es la lucha sistemática, sin reparar en
medios, contra la sociedad burguesa.
En poco tiempo se determinan Cortes Constituyentes y se elabora y promulga la Constitución
de 1869, que establece la Monarquía como sistema de gobierno. Las Cortes nombran regente a
Serrano, mientras que Prim se encarga de buscar por Europa, un rey demócrata que no tenga
vinculación con los Borbones. Tras descartar a varios candidatos, le ofrece el trono español al
segundo hijo del Rey de Italia, Víctor Manuel I. De esta forma, el 16 de septiembre de 1870, se
aprueba el nombramiento en Cortes del príncipe Amadeo de Saboya, por 191 votos a favor, de los
344 democráticamente ejercitados.
El 27 de diciembre de ese mismo año, cuando está a punto de desembarcar en Cartagena el
nuevo monarca, su gran valedor, el general Prim, es víctima de un atentado en la calle del Turco, en
Madrid.
La tormenta revolucionaria no cejaba.