© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
EL PILAR, 2000 AÑOS DE HISTORIA, TRADICIÓN Y DEVOCIÓN CONFERENCIA
Pag. siguiente
GALERIA DE FOTOS ACTUALES La Basílica del Pilar atesora uno de los mayores joyeros del mundo. Una colección de incalculable valor conformada con donaciones de particulares, de reyes, de nobles, de miembros de la Curia... El joyero es un verdadero tesoro acumulado durante años, de Oro, plata, marfil, piedras preciosas... La pieza más antigua que se conserva data del siglo XII. Es un olifante, un cuerno de caza de marfil, que perteneció a Gastón Bearn, colaborador del rey Alfonso I y que pidió ser enterrado en el templo románico del Pilar. El cuerno lo utilizó en la Reconquista de Zaragoza y fue donado en 1135 por su viuda, Talesa, prima por parte carnal del rey Alfonso I el Batallador. Entre las muchas curiosidades, consta un Libro de Horas (devocionario) guarnecido en plata atribuido a Isabel, Reina de Portugal e Infanta de Aragón, así como colgantes y pendientes de oro y diamante, de estilo rococó de finales del siglo XVII y XIX. Además, se exhiben algunas de las distinciones que la Virgen del Pilar ha ido recibiendo a lo largo de la historia. Por ejemplo, la Medalla de oro de la ciudad de Zaragoza, concedida en 1900; la Cruz laureada de San Fernando, otorgada en 1908; o la Cruz de Palafox, donada por José de Palafox y Melci, héroe de los Sitios de Zaragoza.
También se conserva un cáliz entregado por San Juan de la Cruz y una carta manuscrita de Santa Teresa de Jesús. Una de las vitrinas del Museo Pilarista recoge las donaciones más importantes realizadas por monarcas, miembros de la Iglesia y nobles. Destaca, un broche donado por el Rey Carlos IV con sus iníciales y las de su esposa, María Luisa de Parma. También se conserva un cáliz y una fusta de tuétano para montar a caballo con un broche de diamante que perteneció a Isabel II. Más actuales, son la tiara que la Reina Sofía donó a la Virgen del Pilar y el rotulador chapado en oro que entregó el Rey Juan Carlos. En el capítulo de donaciones eclesiásticas, destaca el cáliz de Pío X y el de Juan XIII y el solideo blanco y el rosario que utilizó el Papa Juan Pablo II en una de sus visitas a Zaragoza. Tras rezar con ellos decidió donarlos a la Virgen. La joya de la corona: Sin embargo, la pieza central del museo, la que destaca por encima de todas, es la corona que lució la Virgen del Pilar cuando recibió coronación canónica. Data de 1905 y se elaboró gracias a las donaciones de alhajas de oro y anillos de matrimonios que los españoles donaron para que se fundieran y poder así completar la corona. A ello también contribuyó la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, que vendió parte de sus anillos. La espectacular corona posee más de diez mil piedras, entre topacios, amatistas y perlas. Fue fabricada por la casa Ansorena de Madrid y fue bendecida en Roma por el Papa Pío X. Esta corona de valor incalculable permanece todo el año en el Museo Pilarista, ya que la Virgen solo la luce en contadas ocasiones: el 12 de octubre, día del Pilar; el 2 de enero, conmemorando su llegada a Zaragoza; o el 20 de mayo, fecha de su coronación. Y coincide con los únicos días del año en los que la Virgen no luce manto, como ya hemos explicado.
Pag.:
Pag. anterior
EL PILAR, 2000 AÑOS DE HISTORIA, TRADICIÓN Y DEVOCIÓN CONFERENCIA
GALERIA DE FOTOS ACTUALES La Basílica del Pilar atesora uno de los mayores joyeros del mundo. Una colección de incalculable valor conformada con donaciones de particulares, de reyes, de nobles, de miembros de la Curia... El joyero es un verdadero tesoro acumulado durante años, de Oro, plata, marfil, piedras preciosas... La pieza más antigua que se conserva data del siglo XII. Es un olifante, un cuerno de caza de marfil, que perteneció a Gastón Bearn, colaborador del rey Alfonso I y que pidió ser enterrado en el templo románico del Pilar. El cuerno lo utilizó en la Reconquista de Zaragoza y fue donado en 1135 por su viuda, Talesa, prima por parte carnal del rey Alfonso I el Batallador. Entre las muchas curiosidades, consta un Libro de Horas (devocionario) guarnecido en plata atribuido a Isabel, Reina de Portugal e Infanta de Aragón, así como colgantes y pendientes de oro y diamante, de estilo rococó de finales del siglo XVII y XIX. Además, se exhiben algunas de las distinciones que la Virgen del Pilar ha ido recibiendo a lo largo de la historia. Por ejemplo, la Medalla de oro de la ciudad de Zaragoza, concedida en 1900; la Cruz laureada de San Fernando, otorgada en 1908; o la Cruz de Palafox, donada por José de Palafox y Melci, héroe de los Sitios de Zaragoza. También se conserva un cáliz entregado por San Juan de la Cruz y una carta manuscrita de Santa Teresa de Jesús. Una de las vitrinas del Museo Pilarista recoge las donaciones más importantes realizadas por monarcas, miembros de la Iglesia y nobles. Destaca, un broche donado por el Rey Carlos IV con sus iníciales y las de su esposa, María Luisa de Parma. También se conserva un cáliz y una fusta de tuétano para montar a caballo con un broche de diamante que perteneció a Isabel II. Más actuales, son la tiara que la Reina Sofía donó a la Virgen del Pilar y el rotulador chapado en oro que entregó el Rey Juan Carlos. En el capítulo de donaciones eclesiásticas, destaca el cáliz de Pío X y el de Juan XIII y el solideo blanco y el rosario que utilizó el Papa Juan Pablo II en una de sus visitas a Zaragoza. Tras rezar con ellos decidió donarlos a la Virgen. La joya de la corona: Sin embargo, la pieza central del museo, la que destaca por encima de todas, es la corona que lució la Virgen del Pilar cuando recibió coronación canónica. Data de 1905 y se elaboró gracias a las donaciones de alhajas de oro y anillos de matrimonios que los españoles donaron para que se fundieran y poder así completar la corona. A ello también contribuyó la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, que vendió parte de sus anillos. La espectacular corona posee más de diez mil piedras, entre topacios, amatistas y perlas. Fue fabricada por la casa Ansorena de Madrid y fue bendecida en Roma por el Papa Pío X. Esta corona de valor incalculable permanece todo el año en el Museo Pilarista, ya que la Virgen solo la luce en contadas ocasiones: el 12 de octubre, día del Pilar; el 2 de enero, conmemorando su llegada a Zaragoza; o el 20 de mayo, fecha de su coronación. Y coincide con los únicos días del año en los que la Virgen no luce manto, como ya hemos explicado.
© Tomás Bernal Benito 2021
Web realizada P.L.C.F.
Pag.:
Pag. siguiente Pag. anterior