© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
Su inmensa riqueza y su inmenso poder habían levantado la envidia tanto del poder secular como del eclesiástico, y en el año 1307 el arruinado Felipe IV el Hermoso de Francia, con la colaboración del papa Clemente V, ordenó el arresto del gran maestre francés, Jacques de Molay, acusado de sacrilegio y de prácticas satánicas. Molay y los principales responsables de la Orden confesaron bajo tortura y todos ellos fueron posteriormente quemados en la hoguera. El 16 de octubre de 1307, Felipe IV envía una carta al rey de Aragón, Jaime II, para que proceda contra los Templarios. Literalmente dice: manifestados estos crímenes le exhorta a que aprisione a todos los Templarios de sus dominios, como él lo había ejecutado en su reino, después de haber tratado este negocio con el Papa. Jaime II, rey de Aragón, estando en Teruel el 17 de noviembre de ese mismo año, responde al escrito del rey de Francia diciéndole que no procedería ni haría nada en contra de la Orden del Temple mientras no se demostraran sus crímenes y recibiera órdenes directas del Papa. También desde Teruel, y dos días más tarde, escribió a Clemente V. En su misiva le indicaba que por aviso del rey de Francia le había llegado noticia de la persecución iniciada contra los Templarios, y bajo este concepto rogaba a Su Santidad le manifestase cómo debía proceder con los Templarios de sus dominios. El Papa Clemente V desde Poitiers, el 22 de noviembre de 1307, y antes de recibir la carta del rey de Aragón, le dirigió una breve en la que le refería la prisión de los Templarios de Francia en un mismo día por orden del rey de Francia, así como le daba noticias de los delitos que el Gran Maestre y otros principales miembros de la Orden del Temple habían confesado abiertamente, y el propósito que tenía Su Santidad de examinar seriamente dicha causa. Por lo tanto, exhortaba al rey a que con todo sigilo procediese a la captura de todos los Templarios existentes en sus dominios y la
ejecutara en un mismo día, así como al secuestro de todos sus bienes, haciendo cultivar a expensas de la Orden sus heredades y tierras, procurando cuidar bien los susodichos bienes para restituirlos a la misma si se hallare inocente, o para aplicarlos a la Tierra Santa si fuese culpable. Mucho antes de que el Papa diera la orden general de arresto, llegaron a Aragón noticias detalladas del proceso de París y de las confesiones de los reos. Así, a Jaime II, rey de Aragón, estando en Valencia el 1 de diciembre de 1307, no le queda más remedio que expedir una Real Orden a Gombaldo de Enteza, Procurador Real del Reino de Valencia, para que proceda a la captura y arresto de los Templarios y secuestre todos los bienes radicados en dicho reino. Al día siguiente ordenó a don Artal de Luna, “gerens vices” (lugarteniente que hacía las veces del Rey) que urgiera a los oficiales reales el cumplimiento de su mandato de detener a los Templarios y embargar sus bienes y le prestara su apoyo al efecto. Y tras una treintena de misivas y escritos, según una carta fechada el 24 de enero de 1309, en Aragón tan solo quedaban ofreciendo resistencia los castillos Templarios de Monzón y Chalamera, los cuales se rindieron por capitulación a finales de junio de1309. Jaime II nombra gobernador a Miguel de Gurrea para el castillo Monzón y a Rodrigo de Sarriá para el castillo de Chalamera. El 20 de agosto de 1307 se produce la extinción de la orden del Temple en Aragón. El último comendador fue Fr. Ramón Oliver, fraile muy ligado a la casa de Zaragoza, que tuvo que abandonarla y entregar todos sus bienes.
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La Iglesia de Santa María de la Casa de la Milicia del Temple Zaragoza I Congreso de Zaragoza - Historia Medieval - La Orden del Temple
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Su inmensa riqueza y su inmenso poder habían levantado la envidia tanto del poder secular como del eclesiástico, y en el año 1307 el arruinado Felipe IV el Hermoso de Francia, con la colaboración del papa Clemente V, ordenó el arresto del gran maestre francés, Jacques de Molay, acusado de sacrilegio y de prácticas satánicas. Molay y los principales responsables de la Orden confesaron bajo tortura y todos ellos fueron posteriormente quemados en la hoguera. El 16 de octubre de 1307, Felipe IV envía una carta al rey de Aragón, Jaime II, para que proceda contra los Templarios. Literalmente dice: manifestados estos crímenes le exhorta a que aprisione a todos los Templarios de sus dominios, como él lo había ejecutado en su reino, después de haber tratado este negocio con el Papa. Jaime II, rey de Aragón, estando en Teruel el 17 de noviembre de ese mismo año, responde al escrito del rey de Francia diciéndole que no procedería ni haría nada en contra de la Orden del Temple mientras no se demostraran sus crímenes y recibiera órdenes directas del Papa. También desde Teruel, y dos días más tarde, escribió a Clemente V. En su misiva le indicaba que por aviso del rey de Francia le había llegado noticia de la persecución iniciada contra los Templarios, y bajo este concepto rogaba a Su Santidad le manifestase cómo debía proceder con los Templarios de sus dominios. El Papa Clemente V desde Poitiers, el 22 de noviembre de 1307, y antes de recibir la carta del rey de Aragón, le dirigió una breve en la que le refería la prisión de los Templarios de Francia en un mismo día por orden del rey de Francia, así como le daba noticias de los delitos que el Gran Maestre y otros principales miembros de la Orden del Temple habían confesado abiertamente, y el propósito que tenía Su Santidad de examinar seriamente dicha causa. Por lo tanto, exhortaba al rey a que con todo sigilo procediese a la captura de todos los Templarios existentes en sus dominios y la ejecutara en un mismo día, así como al secuestro de todos sus bienes, haciendo cultivar a expensas de la Orden sus heredades y tierras, procurando cuidar bien los susodichos bienes para restituirlos a la misma si se hallare inocente, o para aplicarlos a la Tierra Santa si fuese culpable. Mucho antes de que el Papa diera la orden general de arresto, llegaron a Aragón noticias detalladas del proceso de París y de las confesiones de los reos. Así, a Jaime II, rey de Aragón, estando en Valencia el 1 de diciembre de 1307, no le queda más remedio que expedir una Real Orden a Gombaldo de Enteza, Procurador Real del Reino de Valencia, para que proceda a la captura y arresto de los Templarios y secuestre todos los bienes radicados en dicho reino. Al día siguiente ordenó a don Artal de Luna, “gerens vices” (lugarteniente que hacía las veces del Rey) que urgiera a los oficiales reales el cumplimiento de su mandato de detener a los Templarios y embargar sus bienes y le prestara su apoyo al efecto. Y tras una treintena de misivas y escritos, según una carta fechada el 24 de enero de 1309, en Aragón tan solo quedaban ofreciendo resistencia los castillos Templarios de Monzón y Chalamera, los cuales se rindieron por capitulación a finales de junio de1309. Jaime II nombra gobernador a Miguel de Gurrea para el castillo Monzón y a Rodrigo de Sarriá para el castillo de Chalamera. El 20 de agosto de 1307 se produce la extinción de la orden del Temple en Aragón. El último comendador fue Fr. Ramón Oliver, fraile muy ligado a la casa de Zaragoza, que tuvo que abandonarla y entregar todos sus bienes.
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