La cristiana que se convirtió en nube
María se sentó a su lado, cerciorándose previamente de que tras la reja no existiesen miradas
ni oídos indiscretos.
—¿Alguna novedad? —le preguntó tras beber un trago de agua directamente de la jarra.
—Sí, la gente está muy nerviosa y dividida por tu presencia.
—¿Por?
—Temen que seamos atacados por los tuyos. Eso al menos nos ha dicho fray Bernardo, que ha
llegado al mediodía de Jaca.
—¿Por los míos? Tus palabras me halagan, pero permíteme que lo ponga en duda. Yo no soy
más que un insignificante ser que se dedica a estudiar los enigmas que guardan en su interior las
lejanas estrellas —le aclaró extendiendo los brazos todo lo que le permitían las cadenas—. Dudo
mucho que alguien haya reparado en mi aburrida ausencia.
—¿Eres un hombre sabio?
—Sigues halagando mi vanidad cristiana, pero no. Sabio era mi padre, que fue médico del gran
Al-Hakam y perteneció a su consejo. Yo solamente soy, como te acabo de decir, un... estudioso
inquieto.
—Pues, aun así, hay gente que quiere sacrificarte. Otros, en cambio, optan por la prudencia.
Abogan por conservarte la vida, para canjearte en un supuesto ataque de Almanzor.
—¡Almanzor! —exclamó— Almanzor tiene cosas muchísimo más importantes que hacer que
preocuparse por mi mísera existencia.
—Sin embargo, sí que hay una cosa en la que todos coinciden...
—¿Y es?
—El miedo.
—¿Miedo? ¿Acaso tú tienes miedo de mí?
—No. Yo no.
—Entonces, ¿de qué tienen miedo?
—Del Azote de Dios, como lo llama fray Bernardo. Nos ha traído noticias que nos han puesto la
carne de gallina a todos. Dice que sus cabalgadas siembran el terror entre los nuestros, que arrasa
cosechas, incendia aldeas, que mata sin respetar sexo ni edad, y que en su cruel salvajismo pasa a
cuchillo incluso a los lactantes. Dios debe de andar muy enfadado por nuestros pecados cuando
permite todo esto.
Aiza torció el gesto y movió la cabeza de izquierda a derecha.
—No creas por un momento todo lo que dice ese fraile vuestro. Yo también he oído, y he visto,
como los vuestros escarnecen a los de mi raza. Son tiempos difíciles los que nos ha tocado vivir
cristiana, y Almanzor, al igual que nosotros, no tiene culpa alguna. Él simplemente se limita a cumplir
con su destino. Almanzor ha sido tocado por el dedo de Alá, que le ha encomendado una labor, la de
encabezar una Yihad.
—¿Qué es eso?
—Una guerra santa.
—¿Cómo puede encabezar una guerra santa alguien que fray Bernardo asegura que es la
reencarnación del Anticristo? —le preguntó desconcertada.
—¿El Anticristo? —repitió Aiza— ¿Y en qué se basa para hacer afirmación tan extraña?
—Se avecina el año mil —le aclaró—, y con él, según aseveran algunos profetas, el fin del
mundo. De acuerdo con la profecía, las fuerzas del bien librarán una última lucha contra las del mal,
en la cual, el demonio, o sea el califa, vencerá a nuestro Dios, pero antes de que esta batalla se
produzca, devastará casas, aldeas y cosechas reduciéndolas a cenizas, y eliminará a todos los
humanos y bestias de la tierra.
—El Anticristo... Almanzor, el Anticristo. Yo te aclararé quien es Almanzor, bella cristiana.
Almanzor el Victorioso por Alá, es un caudillo de coraje incierto como un cometa errante. Terrible
como el trueno, rápido como el rayo, pero a la vez sensible e inquieto. Es un sabio rodeado de
sabios. Es la poesía de los poetas. Un humanista entre literatos. Hasta su llegada al poder, nunca se
había vivido una etapa cultural tan floreciente en al-Ándalus. Y tienes que saber otra cosa, ¿cómo
puede ser el Anticristo alguien que por las venas de su hijo corre sangre cristiana?
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