© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
calles que nos rodean han ido cambiando de nombre, menos una, la del Temple, que siempre se ha mantenido con el mismo nombre. La calle del Temple, como podréis comprobar cuando paseemos por ella, todavía mantiene su espíritu medieval, a pesar de haberse convertido en una calle de Copas y de Noctámbulos, pero los edificios… los edificios sí que mantienen esa aura de magia. Bueno, pues en este lugar, la empresa «Arqueo-Expert», bajo la dirección de los arqueólogos Jesús Ángel Pérez y José Francisco Casabona, descubren en el año 1991, al tirar la antigua casa para edificar ésta, la cimentación de la iglesia del Temple. La iglesia era octogonal por fuera y circular por dentro. Tenía 17 metros de anchura y se accedía por aquí, por la calle del Temple número 20, por una portada que tenía dos columnas, tal de vez de estilo bizantino o románico. La iglesia tenía cementerio adjunto, donde se enterraron gente importante como Gil Tarín, que fue merino del rey Jaime II, y convento propio que llegaba hasta la calle Contamina. Este edificio contiguo, donde está ahora este bar, el Jardín del Temple, cuando se reformó se encontraron huesos y restos humanos, lo que no es de extrañar ya que, si la iglesia llegaba hasta aquí y tenía cementerio propio, este es el lugar idóneo. Pasado mañana en la charla, os presentaré fotografías de las dependencias subterráneas. El convento supuestamente llegaba hasta la calle Contamina, aunque algunos estudiosos dicen que llegaba hasta la plaza de San Felipe. La calle Contamina (familia de judíos conversos y de gran prestigio en el siglo XIV) es otra de las pocas calles que jamás cambió de nombre. En el número 7, donde ahora está éste bar, en tiempos fue Colegio de San Felipe, y Casa de los Infanzones. Aquí en
las bodegas, cuando bajas a lo que sería un tercer piso, al final hay una especie de descansillo con tres ramales: el que va paralelo a la calle del Temple, el que continúa hasta la plaza de San Felipe, y el que corre paralelo a la calle Contamina. Al final de la calle, estuvo situado el Horno de los Templarios. Aquí aproximadamente, en la calle Maestro Luna, un compositor- músico de Alhama de Aragón. En la calle del Temple, se abrían, en tiempos no muy pasados, diversos negocios familiares, entre ellos una tienda de mármoles, tiendas de confecciones, almacenes, una peluquería, un curioso taller de reparación de imágenes… Pero poco a poco, en los años 80, esta zona se convirtió en zona de marcha para los más jóvenes, y al final… lo que veis. La propuesta de la Asociación Contemple para el Casco Histórico es darle otro aire al barrio, mucho más comercial, con la creación de un corredor por Alfonso, Contamina, la calle del Temple y la calle del Olmo, hasta el Mercado. Esta cestería es el único negocio familiar que ha sobrevivido. El Sr. Gracia,
Charla peatonal Templaria I Congreso de Zaragoza - Historia Medieval - La Orden del Temple
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Y ahora vamos con los Templarios. Ya habéis visto que todas las calles que nos rodean han ido cambiando de nombre, menos una, la del Temple, que siempre se ha mantenido con el mismo nombre. La calle del Temple, como podréis comprobar cuando paseemos por ella, todavía mantiene su espíritu medieval, a pesar de haberse convertido en una calle de Copas y de Noctámbulos, pero los edificios… los edificios sí que mantienen esa aura de magia. Bueno, pues en este lugar, la empresa «Arqueo-Expert», bajo la dirección de los arqueólogos Jesús Ángel Pérez y José Francisco Casabona, descubren en el año 1991, al tirar la antigua casa para edificar ésta, la cimentación de la iglesia del Temple. La iglesia era octogonal por fuera y circular por dentro. Tenía 17 metros de anchura y se accedía por aquí, por la calle del Temple número 20, por una portada que tenía dos columnas, tal de vez de estilo bizantino o románico. La iglesia tenía cementerio adjunto, donde se enterraron gente importante como Gil Tarín, que fue merino del rey Jaime II, y convento propio que llegaba hasta la calle Contamina. Este edificio contiguo, donde está ahora este bar, el Jardín del Temple, cuando se reformó se encontraron huesos y restos humanos, lo que no es de extrañar ya que, si la iglesia llegaba hasta aquí y tenía cementerio propio, este es el lugar idóneo. Pasado mañana en la charla, os presentaré fotografías de las dependencias subterráneas. El convento supuestamente llegaba hasta la calle Contamina, aunque algunos estudiosos dicen que llegaba hasta la plaza de San Felipe. La calle Contamina (familia de judíos conversos y de gran prestigio en el siglo XIV) es otra de las pocas calles que jamás cambió de nombre. En el número 7, donde ahora está éste bar, en tiempos fue Colegio de San Felipe, y Casa de los Infanzones. Aquí en las bodegas, cuando bajas a lo que sería un tercer piso, al final hay una especie de descansillo con tres ramales: el que va paralelo a la calle del Temple, el que continúa hasta la plaza de San Felipe, y el que corre paralelo a la calle Contamina. Al final de la calle, estuvo situado el Horno de los Templarios. Aquí aproximadamente, en la calle Maestro Luna, un compositor-músico de Alhama de Aragón. En la calle del Temple, se abrían, en tiempos no muy pasados, diversos negocios familiares, entre ellos una tienda de mármoles, tiendas de confecciones, almacenes, una peluquería, un curioso taller de reparación de imágenes… Pero poco a poco, en los años 80, esta zona se convirtió en zona de marcha para los más jóvenes, y al final… lo que veis. La propuesta de la
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