© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
fueron la cárcel de los manifestados, la cárcel de todos aquellos que se acogían a los Fueros Aragoneses en espera de ser juzgados por el Justicia de Aragón. Ya sabéis, antes fueron leyes, que reyes. Por eso estamos en la plaza de la Justicia, que anteriormente se llamó de San Cayetano. Ahí enfrente, en ese palacio de los condes de Sobradiel, que anteriormente fue colegio donde estudió Miguel Labordeta, y que ahora es sede del colegio notarial, estaba situada la casa del justicia de Aragón Juan de Lanuza, el Joven, o el Mozo, que en el año 1591 se enfrentó al rey Felipe II, por el caso del asesinato de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, su hermanastro. Antonio Pérez, acusado de la muerte de éste, se fugó de la cárcel de Madrid vestido de mujer y se acogió a los Fueros de Aragón. Antonio Pérez era natural de Calatayud Juan de Lanuza pagó bien caro su atrevimiento y su majestad invadió Zaragoza y mandó apresarlo. Justo detrás de la casa se encontraba, y se sigue encontrando, la plaza del mercado. Un sitio espacioso y grande que se usaba para corridas de toros, justas, procesiones, autos de fe… y donde también se encontraba el cadalso. Había tres lugares más en Zaragoza para celebrar los autos de fe: plaza de La Seo, en la puerta del Portillo y en la Aljafería. En la famosa puerta del Arco de Toledo, había una sala con cinco ventanales que usaban los señores diputados para ver dichos espectáculos. Pues bien, en ese cadalso, una fría mañana del 20 de diciembre de 1591, le cortaron la cabeza al Justicia de Aragón, y durante dos años estuvo expuesta al público en dicha plaza para escarnio público. Traidor, no, mal aconsejado sí, dicen que fueron sus últimas palabras. Su cadáver fue enterrado en el monasterio de San Francisco sito en la Plaza de España, donde hoy está la Diputación. Durante la guerra de la Independencia este monasterio fue totalmente destruido. Localizado su cadáver entre los escombros fue enterrado por segunda vez, en esta iglesia, la iglesia de Santa Isabel. Ahí dentro están sus restos, junto al altar mayor, a mano izquierda.
La iglesia de santa Isabel, iglesia barroca levantada en el siglo XVII, por iniciativa de la Diputación del Reino de Aragón, tras llegar a un acuerdo con los Padres Teatinos de San Cayetano (de ahí su otro nombre), está dedicada a la que fuera reina de Portugal, Isabel, hija del rey Pedro III. A Isabel se le puso el nombre en honor a su tía- abuela Isabel de Hungría. Isabel casó con Dionisio, rey de Portugal. A estas dos mujeres se les atribuyen el milagro de convertir tanto las monedas, como el pan, en rosas. Ya sabéis, ella llevaba pan para repartirlo entre los más pobres y cuando la vio su esposo y le preguntó que qué llevaba en el halda, ella contestó que rosas. Como no era tiempo de rosas, el rey, mosqueado, le pidió que se las enseñara y cuando ésta abrió los sayos, aparecieron las rosas. Pues bien, esta calle que tenemos aquí, que antiguamente se llamó de la Salud, después Agujeros, más tarde Roda (ministro que fuera de Carlos III), al final acabó llamándose también de Santa Isabel. Bueno, pues ya veis que estamos en un Casco Histórico, en el que en cada rincón podríamos organizar una charla de horas. Y ahora vamos con los Templarios. Ya habéis visto que todas las
Charla peatonal Templaria I Congreso de Zaragoza - Historia Medieval - La Orden del Temple
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la cárcel de los manifestados, la cárcel de todos aquellos que se acogían a los Fueros Aragoneses en espera de ser juzgados por el Justicia de Aragón. Ya sabéis, antes fueron leyes, que reyes. Por eso estamos en la plaza de la Justicia, que anteriormente se llamó de San Cayetano. Ahí enfrente, en ese palacio de los condes de Sobradiel, que anteriormente fue colegio donde estudió Miguel Labordeta, y que ahora es sede del colegio notarial, estaba situada la casa del justicia de Aragón Juan de Lanuza, el Joven, o el Mozo, que en el año 1591 se enfrentó al rey Felipe II, por el caso del asesinato de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, su hermanastro. Antonio Pérez, acusado de la muerte de éste, se fugó de la cárcel de Madrid vestido de mujer y se acogió a los Fueros de Aragón. Antonio Pérez era natural de Calatayud Juan de Lanuza pagó bien caro su atrevimiento y su majestad invadió Zaragoza y mandó apresarlo. Justo detrás de la casa se encontraba, y se sigue encontrando, la plaza del mercado. Un sitio espacioso y grande que se usaba para corridas de toros, justas, procesiones, autos de fe… y donde también se encontraba el cadalso. Había tres lugares más en Zaragoza para celebrar los autos de fe: plaza de La Seo, en la puerta del Portillo y en la Aljafería. En la famosa puerta del Arco de Toledo, había una sala con cinco ventanales que usaban los señores diputados para ver dichos espectáculos. Pues bien, en ese cadalso, una fría mañana del 20 de diciembre de 1591, le cortaron la cabeza al Justicia de Aragón, y durante dos años estuvo expuesta al público en dicha plaza para escarnio público. Traidor, no, mal aconsejado sí, dicen que fueron sus últimas palabras. Su cadáver fue enterrado en el monasterio de San Francisco sito en la Plaza de España, donde hoy está la Diputación. Durante la guerra de la Independencia este monasterio fue totalmente destruido. Localizado su cadáver entre los escombros fue enterrado por segunda vez, en esta iglesia, la iglesia de Santa Isabel. Ahí dentro están sus restos, junto al altar mayor, a mano izquierda. La iglesia de santa Isabel, iglesia barroca levantada en el siglo XVII, por iniciativa de la Diputación del Reino de Aragón, tras llegar a un acuerdo con los Padres Teatinos de San Cayetano (de ahí su otro nombre), está dedicada a la que fuera reina de Portugal, Isabel, hija del rey Pedro III. A Isabel se le puso el nombre en honor a su tía-abuela Isabel de Hungría. Isabel casó con Dionisio, rey de Portugal. A estas dos mujeres se les atribuyen el milagro de convertir tanto las monedas, como el pan, en rosas. Ya sabéis, ella llevaba pan para repartirlo entre los más pobres y cuando la vio su esposo y le preguntó que qué llevaba en el halda, ella contestó que rosas. Como no era tiempo de rosas, el rey, mosqueado, le pidió que se las enseñara y cuando ésta abrió los sayos, aparecieron las rosas. Pues bien, esta calle que tenemos aquí, que antiguamente se llamó de la Salud, después Agujeros, más tarde Roda (ministro que fuera de Carlos III), al final acabó llamándose también de Santa Isabel. Bueno, pues ya veis que estamos en un Casco Histórico, en el que en cada rincón podríamos organizar una charla de horas.
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