El Privilegio de la Unión incluía lo siguiente:  “Porque si lo que dieus non quiera nos, o los nuestros successores contraviniessemos á las cosas sobreditas en todo o en partida: queremos é otorgamos, et expresament de certa sciéncia assí la hora como agora consentimos que daquella hora á nos ni a los successores en el dito Regno de Aragon non tengades ni hayades por Reyes, nin por seynnores en algún tiempo. Ante sines algún blasmo de fe é de leyaltad podades fazer, et fagades otro Rey et seynnor cual queredes e d’on queredes”…  Esta extraordinaria e inusitada cláusula fue derogada por las Cortes convocadas después de que Pedro IV derrotara a los partidarios de la Unión en la batalla de Épila.  No contentándose solo con derogar la norma, también se ordenó la destrucción de todas las copias existentes, con Pedro IV mismo rompiendo uno de los originales con su famoso puñal, y la prohibición de su difusión. Afortunadamente, al menos una copia sobrevivió, estando en posesión en el siglo XVI d. C. de los cronistas de Aragón y siendo redescubierta en el siglo XIX d. C.  El mítico Reino de Sobrarbe  La historia del Reino de Sobrarbe es más que interesante, principalmente porque hasta la fecha se atribuye plena fantasía al relato. El primero en hablarnos sobre el Reino de Sobrarbe fue Gualberto Fabricio de Vagad en 1499, primer cronista del Reino nombrado por Fernando II el Católico.  Según su Crónica de los Reyes de Aragón, en el año 724, donde hoy está el Monasterio de San Juan de la Peña, crearon un ejército para luchar contra el invasor islámico, los cuales ya habían ocupado Jaca (principal ciudad de la región), por lo que optaron por tomar Ainsa. Para ello, eligieron al dirigente García Ximénez al frente del contingente cristiano.   Y según relata fray Joaquín Aldea en su descripción del real monasterio de San Juan de la Peña, desde este lugar partieron los trescientos caballeros “salieron de esta cueva los trescientos electores”, “en junta de los tresicentos”, “salieron de la cueva los trecientos”, que eligieron por “Rey a Garci-Ximénez”, de linaje godo según que el Fuero Juzgo así lo disponía “para volver por la causa de la Religión y Patria, al amparo de el Glorioso San Juan Bautista, Patrón de sus batallas y Precursor de sus victorias”, y derrotaron en una memorable batalla a los moros en las llanuras del “plano” de Ainsa.   Cuando se disponían a luchar contra el ejército musulmán, apareció una roja cruz iluminada sobre una encina, interpretándose como una señal de Dios, vigorizando a las tropas y consiguiendo hacer huir al invasor.   “Debeló el primer Rey todo el Abismo, y sobre el Árbol de una Cruz, Encina, y destruye García al Mahometismo, con la Cruz sobre un Árbol peregrina” Página 92, vuelo II, LXIV, del libro citado anteriormente.  Según el juramento hecho, Garci Ximénez fundaría allí una ermita dedicada a San Juan Bautista, la cual daría lugar al
© Tomás Bernal Benito 2023 Web realizada P.L.C.F.
Monumento al Templete del Árbol de Sobrarbe en Ainsa
Sobrarbe.   El Privilegio de la Unión incluía lo siguiente:  “Porque si lo que dieus non quiera nos, o los nuestros successores contraviniessemos á las cosas sobreditas en todo o en partida: queremos é otorgamos, et expresament de certa sciéncia assí la hora como agora consentimos que daquella hora á nos ni a los successores en el dito Regno de Aragon non tengades ni hayades por Reyes, nin por seynnores en algún tiempo. Ante sines algún blasmo de fe é de leyaltad podades fazer, et fagades otro Rey et seynnor cual queredes e d’on queredes”…  Esta extraordinaria e inusitada cláusula fue derogada por las Cortes convocadas después de que Pedro IV derrotara a los partidarios de la Unión en la batalla de Épila.  No contentándose solo con derogar la norma, también se ordenó la destrucción de todas las copias existentes, con Pedro IV mismo rompiendo uno de los originales con su famoso puñal, y la prohibición de su difusión. Afortunadamente, al menos una copia sobrevivió, estando en posesión en el siglo XVI d. C. de los cronistas de Aragón y siendo redescubierta en el siglo XIX d. C.  El mítico Reino de Sobrarbe  La historia del Reino de Sobrarbe es más que interesante, principalmente porque hasta la fecha se atribuye plena fantasía al relato. El primero en hablarnos sobre el Reino de Sobrarbe fue Gualberto Fabricio de Vagad en 1499, primer cronista del Reino nombrado por Fernando II el Católico.  Según su Crónica de los Reyes de Aragón, en el año 724, donde hoy está el Monasterio de San Juan de la Peña, crearon un ejército para luchar contra el invasor islámico, los cuales ya habían ocupado Jaca (principal ciudad de la región), por lo que optaron por tomar Ainsa. Para ello, eligieron al dirigente García Ximénez al frente del contingente cristiano.   Y según relata fray Joaquín Aldea en su descripción del real monasterio de San Juan de la Peña, desde este lugar partieron los trescientos caballeros “salieron de esta cueva los trescientos electores”, “en junta de los tresicentos”, “salieron de la cueva los trecientos”, que eligieron por “Rey a Garci-Ximénez”, de linaje godo según que el Fuero Juzgo así lo disponía “para volver por la causa de la Religión y Patria, al amparo de el Glorioso San Juan Bautista, Patrón de sus batallas y Precursor de sus victorias”, y derrotaron en una memorable batalla a los moros en las llanuras del “plano” de Ainsa.   Cuando se disponían a luchar contra el ejército musulmán, apareció una roja cruz iluminada sobre una encina, interpretándose como una señal de Dios, vigorizando a las tropas y consiguiendo hacer huir al invasor.   “Debeló el primer Rey todo el Abismo, y sobre el Árbol de una Cruz, Encina, y destruye García al Mahometismo, con la Cruz sobre un Árbol peregrina” Página 92, vuelo II, LXIV, del libro citado anteriormente.  Según el juramento hecho, Garci Ximénez fundaría allí
Monumento al Templete del Árbol de Sobrarbe en Ainsa
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