© Tomás Bernal Benito 2022 Web realizada P.L.C.F.
Alfonso I el Batallador y la Orden del Temple Breves pinceladas del Origen del Reino de Aragón
fortificación del recinto amurallado. Como ya se ha apuntado, el vizconde de Bearn fue uno de los líderes principales de la toma de la ciudad y el rey le recompensó nombrándolo señor de Zaragoza, y encargado de repartir las tierras abandonadas y todas las casas del recinto urbano entre los conquistadores. Zaragoza, después de 404 años de dominio musulmán, volvía a ser una ciudad cristiana. Alfonso I concedió a los musulmanes unas capitulaciones muy honrosas. Se les permitió vender libremente su patrimonio, mantener sus leyes oficiales y quedarse a vivir en los arrabales de la ciudad. Gastón de Bearne fue nombrado Señor de Zaragoza y encargado de repartir las tierras abandonadas y todas las casas del recinto urbano entre los conquistadores. Aunque esta distribución no favoreció en modo alguno al poblamiento de la ciudad, ya que los vencedores no tenían ningún interés en mantenerlas entre sus manos. Como forma de gobierno rige en Zaragoza el Privilegio llamado de los Veinte. “La ciudad elegirá a sus veinte mejores hombres, que podrán juzgar y castigar hasta con la muerte y —sin esperar otra justicia—, cualquier daño u ofensa hechos a Zaragoza” Como consecuencia, entre los vecinos de cada Concejo nace una solidaridad, generalmente excluyente para los vecinos de otras jurisdicciones.
Con el fin de dotar a Zaragoza de pobladores cristianos, el Rey otorgó “a los que estáis y a los que en adelantes vendrán a poblar” los Fueros de los Infanzones de Aragón: “para que la ciudad sea bien poblada y os fijéis allí”. Inmediatamente se restauró la jerarquía eclesiástica en la sede zaragozana. Durante el primer año de ocupación cristiana, el viejo templo de Santa María (actual catedral de la Virgen del Pilar) sería el único abierto al culto dentro del recinto urbano. La Mezquita Mayor no podía ser habilitada hasta pasado una año de la rendición de la ciudad a causa de las capitulaciones firmadas. El Papa Gelasio II consagró a Pedro de Librana, un monje bearnés como Obispo de la Ciudad, y transcurrido el año, se consagró la mezquita en catedral el 6 de enero de 1119, y claro, al ser el día en el que tradicionalmente se celebra que los reyes magos adoraron a Jesús en el pesebre, la nueva catedral fue consagrada al Salvador. De ahí el nombre oficial que sigue recibiendo hoy en día la Seo (catedral en aragonés) de Zaragoza; el Salvador. El 4 de octubre de 1121, se trasladó allí el brazo de San Valero que había estado depositado en la iglesia de Roda de Isábena. Nuevos templos completaron la sede de Zaragoza, el de Santiago (desaparecido, sito entre calle de don Jaime I y calle Santiago); el de San Gil; el de la Aljafería; y el de San Juan el Viejo (desaparecido, sito en la esquina de la calle de San Juan y San Pedro con la del Refugio). ANECDOTARIO La antigüedad de la iglesia de Santiago databa de los tiempos de los romanos o de los godos. En el año 1.121, fue cedida por
Alfonso I el Batallador y la Orden del Temple Breves pinceladas del Origen del Reino de Aragón
de la toma de la ciudad y el rey le recompensó nombrándolo señor de Zaragoza, y encargado de repartir las tierras abandonadas y todas las casas del recinto urbano entre los conquistadores. Zaragoza, después de 404 años de dominio musulmán, volvía a ser una ciudad cristiana. Alfonso I concedió a los musulmanes unas capitulaciones muy honrosas. Se les permitió vender libremente su patrimonio, mantener sus leyes oficiales y quedarse a vivir en los arrabales de la ciudad. Gastón de Bearne fue nombrado Señor de Zaragoza y encargado de repartir las tierras abandonadas y todas las casas del recinto urbano entre los conquistadores. Aunque esta distribución no favoreció en modo alguno al poblamiento de la ciudad, ya que los vencedores no tenían ningún interés en mantenerlas entre sus manos. Como forma de gobierno rige en Zaragoza el Privilegio llamado de los Veinte. “La ciudad elegirá a sus veinte mejores hombres, que podrán juzgar y castigar hasta con la muerte y —sin esperar otra justicia—, cualquier daño u ofensa hechos a Zaragoza” Como consecuencia, entre los vecinos de cada Concejo nace una solidaridad, generalmente excluyente para los vecinos de otras jurisdicciones. Con el fin de dotar a Zaragoza de pobladores cristianos, el Rey otorgó “a los que estáis y a los que en adelantes vendrán a poblar” los Fueros de los Infanzones de Aragón: “para que la ciudad sea bien poblada y os fijéis allí”. Inmediatamente se restauró la jerarquía eclesiástica en la sede zaragozana. Durante el primer año de ocupación cristiana, el viejo templo de Santa María (actual catedral de la Virgen del Pilar) sería el único abierto al culto dentro del recinto urbano. La Mezquita Mayor no podía ser habilitada hasta pasado una año de la rendición de la ciudad a causa de las capitulaciones firmadas. El Papa Gelasio II consagró a Pedro de Librana, un monje bearnés como Obispo de la Ciudad, y transcurrido el año, se consagró la mezquita en catedral el 6 de enero de 1119, y claro, al ser el día en el que tradicionalmente se celebra que los reyes magos adoraron a Jesús en el pesebre, la nueva catedral fue consagrada al Salvador. De ahí el nombre oficial que sigue recibiendo hoy en día la Seo (catedral en aragonés) de Zaragoza; el Salvador. El 4 de octubre de 1121, se trasladó allí el brazo de San Valero que había estado depositado en la iglesia de Roda de Isábena. Nuevos templos completaron la sede de Zaragoza, el de Santiago (desaparecido, sito entre calle de don Jaime I y calle Santiago); el de San Gil; el de la Aljafería; y el de San Juan el Viejo (desaparecido, sito en la esquina de la calle de San Juan y San Pedro con la del Refugio). ANECDOTARIO La antigüedad de la iglesia de Santiago databa de los tiempos de los romanos o de los godos. En el año 1.121, fue cedida por Alfonso I “el Batallador” al Monasterio de San Pedro de
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