Alfonso I el Batallador y la Orden del Temple
Breves pinceladas del Origen del Reino de Aragón
Cruzada, y en su ayuda vino El Cruzado. ¿Y quién era este
personaje al que le apodaban El Cruzado? Pues nada menos que
Gastón de Bearn, casado en el 1085 con Talesa, noble
emparentada con la familia real de Aragón (Talesa, era prima
hermana del Batallador). Gastón de Bearn encabeza un gran
contingente de tropas que se desplazan a la conquista de
Zaragoza, seguido de su hijo Céntulo; su hermano Céntulo de
Bigorra; el Conde Alperche (que posteriormente y por su valentía en
la toma de la ciudad recibirá el nombre de una calle en Zaragoza);
el Conde de Marsans, el Vizconde Gabarret, el de Miramont, y otros
señores feudales. Las fuerzas se concentraron en la Laguna de
Ayerbe y siguieron tres itinerarios distintos hasta llegar a la ciudad.
La marcha guerrera la relató así un cronista musulmán: “Le
acudieron pueblos como hormigas y langostas…”
A los ocho días de iniciado el cerco, las tropas de Gastón de
Bearn ocuparon el Rabal de Altabás y las aldeas próximas. El 11 de
junio se tomaba al asalto el Castillo-palacio de la Aljafería, situado
fuera de las murallas, intensificando el ataque contra ellas. Alfonso
contaba con sus propias tropas castellanas, navarras, riojanas y
aragonesas (Sos, Biel, Monzón, Loarre, Bolea, Ayerbe, Huesca,
etc.) Gastón fue determinante en la conquista de la ciudad, gracias
a la construcción de 20 catapultas y varios castillos rodantes
similares a los usados en Jerusalén. Hay que aclarar que Gastón se
enroló en 1095 junto con su hermano Céntulo en el ejército cruzado
comandado por Raimundo de Saint-Gilles. Durante el largo y
penoso asedio de Antioquía (octubre de 1097 a junio de 1098)
Gastón participó en la organización de la construcción de
catapultas, aplicando quizás técnicas aprendidas de los bizantinos
durante el sitio de Nicea. Eso conllevó a que fuera el encargado de
construir y dirigir las máquinas de asedio y los “castillos” rodantes,
que debían de romper la defensa turca, en la ciudad Santa de
Jerusalén. Victoriosos los cristianos, Gastón fue uno de los
primeros cruzados en entrar en la ciudad, y esta experiencia le hizo
pasar a la historia con el sobrenombre de «el Cruzado». En 1131
murió a manos de los musulmanes, que pasearon su cabeza
triunfalmente por Granada. El cuerpo fue devuelto, tras el pago de
un fuerte rescate, y enterrado en la iglesia de Santa María la Mayor,
en Zaragoza. El emplazamiento de la tumba se perdió durante las
obras de 1681 o 1717. Si que se conserva, en el tesoro de la
Basílica del Pilar, el olifante o cuerno de guerra de Gastón. Su
viuda, doña Talesa, cuidó con fervorosa devoción de que se
cumpliera la última voluntad de su marido: dejar a la Milicia del
Temple, para que pudiera proseguir la reconquista, todas las tierras
que tenía en Zaragoza, y que según decía con justo orgullo, su
marido había adquirido “con derramamiento de sangre y gloria
triunfal”.
Al final Zaragoza capituló el 11 de diciembre, sin que esté
claro si se rindió por hambre o porque los cruzados consiguieron
abrir una brecha. Una crónica francesa nos habla de un combate
librado por Alfonso contra el ejército almorávide, que resultó
vencido. El combate tuvo lugar el 6 de diciembre y pocos días
después se rendía la ciudad. El 18 de diciembre de 1118, Alfonso I
“El Batallador”, hacía su entrada triunfal por la Puerta de la Tripería,
tomando posesión de la Azuda o palacio del gobierno, adosado a
las murallas y no muy lejos de la puerta de Toledo, donde se
firmaron las capitulaciones. Se suele indicar como hito de la caída
la toma del Torreón de la Zuda, sede del gobierno musulmán y