Mi Belén
Y así llegamos hasta nuestros días. A mí personalmente, desde siempre me ha encantado montar el Belén en casa.
Recuerdo que mis primeras figuras las compré en una Droguería que hacía esquina con el Coso y la calle Cantín y Gamboa, y
muchas de aquellas piezas, restauradas y repintadas, siguen ejerciendo su papel en mi Belén actual, y eso que tienen más de
cuarenta y seis años. Y también recuerdo que el primer Belén que monté de recién casado, fue en la calle Valle de Zuriza, sobre
un tablón que puse encima de un jergón de una cama de 80 cms de ancho. La recreación de las montañas eran pedruscos
auténticos que recogí de la calle, y un pozal lleno de tierra. Ni se sabe lo que pesaba aquél Belén. Con el paso del tiempo me fui
refinando, cambié las piedras por cocho, y comencé a comprar los edificios que vendían en los distintos establecimientos del
ramo.
Fue en la nueva casa donde vivo ahora, al disponer de espacio, cuando me dijeron: Tomás, y siendo tan manitas, ¿por qué
no te haces el Belén, tú? Total, que me lanzaron el guante, y lo recogí encantado.
Lo primero que hice fue empaparme de la técnica, así que me compré los libros: “Recreando la Palestina de hace 2000
años” de J.V. Cifre, técnicas para mejorar tu Belén; y “Manual Práctico de Belenes”, técnicas de construcción y montaje, de
Manuel Ortega Rodríguez; y luego me apoyé mucho en los Tutoriales en Internet, sobre todo de Lola Templado, que son
impresionantes, y de obligado visionado para cualquier, principiante o experto, belenístico.