El despertar de un padre
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
Me despierto de madrugada. Mi hija, de diecisiete años, se ha ido de fin de semana con un compañero, novio, amigo… lo que sea. Tres días a la playa. Dos noches. Siento como si me hubiesen robado la virginidad, la inocencia o yo qué sé. Hasta ahora había permanecido con los ojos cerrados, me aterraba la realidad, sabía que estaba ahí, pero tenía un acuerdo tácito con mis pensamientos: «no os metáis en mi vida privada y yo no me meteré en la vuestra». Pero ese contrato se ha roto en el instante que he firmado mi conformidad para, obviamente, dejarla marchar. Hoy es un día clave por la simbología que representa. Sé que a partir de ahora habrá un antes y un después. Muchas cosas van a cambiar. Por ejemplo: las vacaciones. Ya no voy a poder contar con ella, si no es compartiéndola. Condición sin ecuánime será que venga también él. Y otra cosa que también va a cambiar, va a ser mi forma de mirarla. Se me ha ido mi princesa. Me debo de estar haciendo mayor, y sensiblero, porque no sé en qué momento una inhóspita lágrima ha recorrido mi mejilla. Sí que sé en qué instante, ha llegado a la almohada. Cuando me he levantado me he quedado en el marco de la puerta de su habitación, absorto, contemplando su cama vacía. A mi mente acudía una y otra vez la canción: «mi pequeña», de Serrat.
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F. El despertar de un padre
Me despierto de madrugada. Mi hija, de diecisiete años, se ha ido de fin de semana con un compañero, novio, amigo… lo que sea. Tres días a la playa. Dos noches. Siento como si me hubiesen robado la virginidad, la inocencia o yo qué sé. Hasta ahora había permanecido con los ojos cerrados, me aterraba la realidad, sabía que estaba ahí, pero tenía un acuerdo tácito con mis pensamientos: «no os metáis en mi vida privada y yo no me meteré en la vuestra». Pero ese contrato se ha roto en el instante que he firmado mi conformidad para, obviamente, dejarla marchar. Hoy es un día clave por la simbología que representa. Sé que a partir de ahora habrá un antes y un después. Muchas cosas van a cambiar. Por ejemplo: las vacaciones. Ya no voy a poder contar con ella, si no es compartiéndola. Condición sin ecuánime será que venga también él. Y otra cosa que también va a cambiar, va a ser mi forma de mirarla. Se me ha ido mi princesa. Me debo de estar haciendo mayor, y sensiblero, porque no sé en qué momento una inhóspita lágrima ha recorrido mi mejilla. Sí que sé en qué instante, ha llegado a la almohada. Cuando me he levantado me he quedado en el marco de la puerta de su habitación, absorto, contemplando su cama vacía. A mi mente acudía una y otra vez la canción: «mi pequeña», de Serrat.