La soledad, en un Hospital
A través de la entreabierta puerta de la habitación, me llega un murmullo apagado de voces; y
pasos por el pasillo, y alguna carrera con el consiguiente portazo.
Ruido.
Hasta mañana, que descanses. Adiós. Una despedida compartida.
Alguien ha descargado la cisterna de un inodoro.
Suena la musiquita de un móvil. ¡Malditos móviles!
Más ruido.
Escucho una tos ronca, que no sé situar su procedencia, seguida con un cuchicheo y a
continuación una espontánea carcajada.
Mi compañero de cuarto resopla en un beneplácito sueño y pienso, qué suerte tiene.
Él no escucha el ruido.
Entra también una luz tenue, difusa, que casi resulta agradable y para nada molesta mi
somnolencia.
Del exterior me llega el ruido de tráfico. Con alguna que otra sirena.
Ruido, ruido, ruido...
Por asociación de ideas me viene a la mente una canción de Joaquín Sabina: Mucho, mucho
ruido, ruido de tijeras, ruido de escaleras que se acaban por bajar... Mucho, mucho ruido, tanto, tanto
ruido, tanto ruido y al final, la soledad...
La Soledad de una habitación de cualquier hospital... con su ruido.
EL ENFERMO