La Mercería
La mercería hacía chaflán en una calle por la que pasaba todos los días para ir a trabajar. Y un
día cerró. Por jubilación, rezaba el cartel.
A los pocos días, diversos gremios trabajaban a destajo para inaugurar una moderna cafetería.
Y la monotonía de las rancias estanterías de madera llenas de lana, puntillas, telas de cañamazo
para puntos de cruz… dio paso a la mujer de mis sueños. A la hora que yo pasaba, allí estaba ella,
sentada en una mesa junto a la cristalera, semejante a una diosa, desayunando un cruasán con café
con leche. Siempre el mismo desayuno: un cruasán con café con leche. La mujer de mis sueños
tenía unos hermosos ojos verdes, y sin poder evitarlo, me enamoré de ellos.
En varias ocasiones estuve tentado de entrar y abordarla, pero mi grado de timidez me lo
impedía. Temía su rechazo, era una posibilidad, y sangraba por dentro. Dicen que la verdadera paz
mental viene de la aceptación de lo peor. Si eso fuera verdad…
Y entonces, tras pasar otra noche de insomnio, envalentonado, decidí de que mañana no
pasaba. Mañana le declararía mi amor a la mujer de los ojos verdes.
Pero cuando llegó mañana, al dar de alta el móvil, resulta que era antes de ayer. No entendía lo
que pasaba, porque mañana no era hoy; el futuro se había convertido en pasado, con lo cual no
podía entrar. Tenía que ser jueves y era martes, y el martes, mentalmente, yo no estaba preparado.
El jueves sí, pero el martes, no. ¿Estaba en un bucle? Me pregunté. ¿Acaso era el día de la
marmota? Me marché con la cabeza gacha y desolado.
Aquella noche recé y recé por mi amor frustrado hasta la extenuación. Cuando me levanté, lo
primero que hice fue mirar el móvil y para mi sorpresa era viernes. Perfecto. El tiempo había dado un
salto sustancial. Parecía que todo había vuelto a la normalidad, así que ni desayuné en casa, me
propuse hacerlo en aquella elegante cafetería y declararle mi amor de una vez por todas, pero otra
vez no pude.
Y no pude… No pude porque en el chaflán de la calle, había una mercería.
El sueño de la razón produce monstruos.
Francisco de Goya (Grabado 43, de los Caprichos. 1797-1799)