Cuando el amor intimida
Para encender sentimientos románticos, la mujer necesita intimidad romántica, mientras que el
hombre necesita intimidad física.
John Gray.
Es tal la admiración que le profesas, que inconscientemente te sitúas a un nivel inferior, que no
te corresponde.
Y entonces, con rayana sumisión, te dedicas a observarle.
A observar su atractiva mirada, el movimiento pausado de sus manos, sus gestos medidos.
Y entonces, muda de versos, te dedicas a escucharle.
A escuchar su voz templada, sus frases cadenciosas. A escuchar… el rítmico latido de tu
corazón.
Y esperas con ansia el atardecer para refugiarte en tu intimidad romántica. En la soledad de la
noche. En la magia del sueño. Porque durante el sueño puedes cerrar los ojos y seguir viéndolo.
Bendita y a la vez, implacable vigilia.
Y en ese éxtasis la protagonista eres tú, porque tu intimidad, tus sueños, tuyos son. Y cuando
despiertas de tu épica felicidad dónde te has sentido hermosa, dónde te has sentido deseada, dónde
te has sentido amada, te preguntas con cierta resignación: ¿este amor que yo siento no será
platónico en vez de real?