Cuando el amor intimida
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
Para encender sentimientos románticos, la mujer necesita intimidad romántica, mientras que el hombre necesita intimidad física. John Gray.
Es tal la admiración que le profesas, que inconscientemente te sitúas a un nivel inferior, que no te corresponde. Y entonces, con rayana sumisión, te dedicas a observarle. A observar su atractiva mirada, el movimiento pausado de sus manos, sus gestos medidos. Y entonces, muda de versos, te dedicas a escucharle. A escuchar su voz templada, sus frases cadenciosas. A escuchar… el rítmico latido de tu corazón. Y esperas con ansia el atardecer para refugiarte en tu intimidad romántica. En la soledad de la noche. En la magia del sueño. Porque durante el sueño puedes cerrar los ojos y seguir viéndolo. Bendita y a la vez, implacable vigilia. Y en ese éxtasis la protagonista eres tú, porque tu intimidad, tus sueños, tuyos son. Y cuando despiertas de tu épica felicidad dónde te has sentido hermosa, dónde te has sentido deseada, dónde te has sentido amada, te preguntas con cierta resignación: ¿este amor que yo siento no será platónico en vez de real?
Cuando el amor intimida
© Tomás Bernal Benito 2021 Web realizada P.L.C.F.
Para encender sentimientos románticos, la mujer necesita intimidad romántica, mientras que el hombre necesita intimidad física. John Gray
Es tal la admiración que le profesas, que inconscientemente te sitúas a un nivel inferior, que no te corresponde. Y entonces, con rayana sumisión, te dedicas a observarle. A observar su atractiva mirada, el movimiento pausado de sus manos, sus gestos medidos. Y entonces, muda de versos, te dedicas a escucharle. A escuchar su voz templada, sus frases cadenciosas. A escuchar… el rítmico latido de tu corazón. Y esperas con ansia el atardecer para refugiarte en tu intimidad romántica. En la soledad de la noche. En la magia del sueño. Porque durante el sueño puedes cerrar los ojos y seguir viéndolo. Bendita y a la vez, implacable vigilia. Y en ese éxtasis la protagonista eres tú, porque tu intimidad, tus sueños, tuyos son. Y cuando despiertas de tu épica felicidad dónde te has sentido hermosa, dónde te has sentido deseada, dónde te has sentido amada, te preguntas con cierta resignación: ¿este amor que yo siento no será platónico en vez de real?