HISTORIA DEL VIEJO ARRABAL
Puente del Ferrocarril años 60.
Y ya estamos en los años 60, bajo el puente, en la playa de
los Ángeles. Aquí había una pequeña arboleda, que quedaba a la
derecha y que no se aprecia en la
foto, dónde mi padre echaba al
suelo la manta y ya estaba el
tenderete montado. Luego, con la
picoleta, picaba entre las piedras y
al momento brotaba un manantial
que servía para enfriar la bota de
vino. Si eso se hiciese ahora,
acabaría uno en Urgencias. Y lo
que recuerdo todavía como una
penitencia, es lo corto que se me hacía el camino desde García
Arista hasta aquí, con mi neumático de coche para flotador al
hombro, y lo largo, bajo un sol aplanador, que era el regreso. Por lo
visto los metros, con el calor, se alargaban.
Y ahora una fotografía para meditar.
Camposanto en la Arboleda.
La Arboleda, lugar de esparcimiento para los maños desde
hace siglos, esconde en su subsuelo una enorme fosa común en la
que descansan miles de zaragozanos caídos en el segundo de Los
Sitios, en 1809.
Faustino Casamayor, cronista de Los Sitios, dejó escrito en
marzo de 1809: “Siendo muy grande la mortandad de tanto número
de enfermos, no encontrándose otra cosa que cadáveres por las
calles, por cuya causa se mandó bajo graves penas que se llevasen
a la Puerta del abrasado edificio de la Real Audiencia, y de allí se
trasladasen a la salitrería de la arboleda de Macanaz, donde se
hizo una zanja muy honda”.
Se calcula que entre
10.000 y 15.000 cuerpos (hay
fuentes que dicen que más)
fueron enterrados a toda prisa en
la arboleda de Macanaz, cerca
del río, en lo que entonces eran
las afueras de la ciudad. No solo
la Arboleda fue usada como fosa
improvisada, en la Plaza Santo
Domingo, bajo el Teatro del
Mercado, también se encuentran
entre 7.000 y 8.000 caídos.
Con el paso de los años,
estos enterramientos caerían en
el olvido, hasta que casi 150
años después, y de una forma
casual, volverían a la luz.
En el año 1954, Luis
Gómez Laguna era alcalde de Zaragoza. En el entorno de la
arboleda se está llevando a cabo un importante trabajo de
acondicionamiento a los accesos del Puente de Piedra y para ello
han traído mineros asturianos especialistas en obras subterráneas.
Pero todo queda momentáneamente paralizado cuando descubren
algo bajo tierra.
El mismo Gómez Laguna es llevado al lugar, y para su
asombro ve con sus propios ojos, cientos y cientos de cráneos
apilados. Debajo de la entonces frondosa arboleda, encuentran un