HISTORIA DEL VIEJO ARRABAL
Todos los arrabaleros hemos escuchado cómo se tragó una
galera porque la caballería se espantó al subir la cuesta al chocar
con la que venía de frente.
Y también hemos escuchado cómo una pareja de
enamorados se arrojaron unidos tan solo por un cachirulo, porque
sus padres no les dejaban salir juntos.
Y cómo el pozo, al intentar un piragüista de Helios recuperar
su piragua, engulló a los dos.
Y también se cuenta, y esto es más actual, que cuando
estaban inyectando cemento para fortalecer la primera arcada del
puente, aquello era un pozo sin fondo, hasta que descubrieron que
había una corriente subterránea que se lo llevaba todo. Dicen que
dicho cemento lo encontraron cerca de la Cartuja.
Lo dicho, para todos gustos y todas versiones.
Bueno, pues ahora damos paso a Altabás.
3-ALTABAS
Calle Sobrarbe en 1897.
Esta fotografía ya la hemos
visto antes, la vuelvo a poner para
situar el monolito, peirón, o pilón, que
viene a continuación, y que también
hemos visto antes con la lámina de
Wyngaerde.
Peirón con la famosa puerta de Altabás
Peirón con la famosa puerta de Altabás. La iglesia de Altabás, de
Attabahas, Arrabales, existía ya en el año 1517, en el lugar donde
estuvo situado anteriormente el hospital
de San Bartolomé de Ultrapuente,
según aparece reflejado en unas
escrituras del año 1191, en que el
Cabildo de La Seo cedió para los
pobres de este hospital un barco en el
río Ebro, con el cargo de dar 100
sueldos anuales, al procurador del
Puente de Tablas. En el comienzo del
siglo XIV, se llamaba ya de Santa María
de Altabás. Se reformó en el 1557,
gracias a la intervención de Dña. Juana
de Reus con monjas clarisas
procedentes del convento de Santa
Catalina, llamándose en lo sucesivo
Convento de Damas de Santa Isabel de
la Tercera Orden de San Francisco. En la guerra de la
independencia, tomado el Arrabal, los franceses disparaban contra
la puerta del convento. Misteriosamente, cuando la puerta caía,
inmediatamente se volvía a levantar. Así hasta tres veces. Cuando
al final los franceses consiguieron entrar, descubrieron el misterio:
bajo ella aparecieron los cadáveres arrabaleros empeñados en
defender la posición, con sus propios cuerpos. Esta puerta bien
pudiera ser la que hemos visto pintada en la famosa lámina de
Wyngaerde, al principio.
Las monjas se instalaron en unos graneros que
pertenecían a la ciudad. Entre lo dañado que quedó el convento y
la desamortización de Mendizábal, se levantaron sobre sus ruinas
dos posadas.